Ropa deporte sin químicos: Protegiendo tu piel en cada entrenamiento
El peligro de los sintéticos: Disruptores y Metales
La mayoría de las prendas técnicas actuales están compuestas por fibras sintéticas como el poliéster o el elastano. Estos materiales suelen contener bisfenoles (BPA), ftalatos y metales pesados como el antimonio —utilizados como catalizadores en su producción (Schildroth et al, 2020)—. Al realizar actividad física, el aumento de la temperatura corporal y la fricción facilitan la liberación de estas partículas, que pueden ser absorbidas por vía transdérmica, afectando potencialmente al sistema endocrino (Carlsson et al, 2024).
Cada vez que entrenas con ropa sintética, tu piel actúa como puerta de entrada para disruptores endocrinos y metales pesados.
Beneficios de las fibras no sintéticas
Optar por ropa de deporte basada en fibras naturales, como el algodón orgánico, el cáñamo o el lino, ofrece una barrera de protección natural. Estas fibras carecen de acabados biocidas como el triclosán o las nanopartículas de plata, frecuentemente aplicados en la ropa sintética para evitar malos olores, pero que pueden alterar la microbiota natural de nuestra piel y generar resistencias bacterianas.


Rendimiento sin toxicidad
A menudo se cree que la ropa «sin químicos» es menos técnica. Sin embargo, las fibras naturales poseen propiedades intrínsecas superiores: la lana merino es naturalmente termorreguladora y el algodón orgánico es hipoalergénico por naturaleza. Al eliminar las resinas de formaldehído y los suavizantes sintéticos del proceso de acabado, conseguimos una prenda que no solo es segura, sino que ofrece una suavidad que los plásticos no pueden replicar.
Entrenar libre de tóxicos es darle un respiro a tu cuerpo y al planeta. Es momento de sustituir los polímeros derivados del petróleo por tejidos vivos que respeten tu fisiología.
Referencias científicas
1. Carlsson J, Dostberg A, Aström T, et al. (2024). Health risks from exposure to chemicals in clothing. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33243757
2. Schildroth S, Osborne G, Smith AR, et al. (2020). Occupational exposure to antimony trioxide: a risk assessment. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39053776



